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6 diciembre, 2010

el principio de algo (tercera parte, primera persona) karaoke y demás

La noche aparece sin esperarla. Posiblemente la noche no sea el mejor lugar, pero definitivamente es el lugar. Los platos ya están vacíos. Nos miramos los cinco (dos mujeres, tres hombres) y parece que lo único que queda por delante es apoyar la cabeza en la almohada antes de lo previsto. Son cerca de la 1 y 30  de la mañana. Los adolescentes recién se despiertan. Es el comienzo de la segunda noche del sábado o  la primera madrugada del domingo. Caminamos en dirección incierta. Pero de repente el destino cambia: no iremos a ese lugar cool y hippie que desde hace más de veinte años recorro viendo pasar caras y generaciones. No, el lugar esta noche es otro, es un canto bar, un karaoke, un after al que llegamos before. La fauna contrasta con nosotros o nosotros contrastamos con la fauna. Un poco de prejuicio pequeño burgués, quizás porque al de la cicatriz en la cara que pasó junto al del tatuaje tumbero se le asoma el arma debajo de su campera. Nos quedamos parados, como acodados en una barra imaginaria, delante de un grupo de chicas-señoras que festejan una decadente despedida de solteras. La gente sube al escenario y canta sin preocuparle nada, con una total deshinibición y los envidio.
Madrid, algunos años atrás. Un grupo de argentinos: periodistas, músicos, directores de cine, actores se pierden entre una marcha del orgullo gay, una fiesta en donde está Penélope Cruz o una cena con Fito Paez. A las seis de la mañana algunos desembocamos en un sótano por indicación de vaya a saber quién. Mi primer karaoke. Una terrible borrachera y canciones de Camilo Sexto.
Hace un tiempo que puedo tomar fernet con coca. Tal vez por su efecto digestivo. Era otro prejuicio, quizás por la canción que popularizó Vilma Palma y de la que no me interesa recordar la letra que habla de esta bebida.
Llamadas y mensajes de texto logran sumar gente a nuestro grupo que de cinco se transforma en ocho (tres mujeres, cinco hombres). Lista de temas, demasiadas canciones de JAF. Demasiada gente que se desploma de tristeza. Yo podría hacerlo -desplomarme de tristeza- pero sin darme cuenta estoy arriba del escenario cantando Jijiji. La tristeza queda para más tarde, total, nao tem fin.
Volvemos a ser cinco y luego cuatro, para terminar siendo tres y emprender la retirada y en el camino quedamos dos y al final solo uno.
Las canciones siguen rebotando en mi cabeza, las canciones del karaoke son las canciones que todos queremos cantar pero que pocas veces queremos escuchar. La gente no elige canciones pop. El karaoke no es pop pero es popular, entonces es pop. ¿Los cantantes pop irían a ese canto bar? Según que cantante pop. No me imagino a ese cuasi-adolescente-pavote-cantante-lider-de-una-bandita-pop-local-que-se-peina-el-pelo-como-una-taza-y-que-escribe-en-su-blog-facebook-lo-mucho-que-le-gustan-sus-porpias-canciones-de-su-disco-pop-indie, cantando en un karaoke. Calculo que lo bajarían al grito de «nene volvé a tu casa y andá a la peluquería». Sin embargo en un momento de esa noche me parece verlo a Andrés, con lentes negros, tapado entre una chica y un oso que parece cuidarle las espaldas. Pero esto sucede cuando salgo del boliche, pero no estoy seguro. Me olvido de Andrés y en mi oído permanece:
Quizá no fue coincidencia encontrarme contigo /Tal vez esto lo hizo el destino.
Quiero dormirme de nuevo en tu pecho / Y después me despierten tus besos.
Tu sexto sentido sueña conmigo / Se que pronto estaremos unidos.
Esa sonrisa traviesa que vive conmigo /Se que pronto estaré en tu camino. 

Sabes q estoy colgando en tus manos / Así q no me dejes caer 
Sabes que estoy colgando en tus manos. 

Te envió poemas de mi puño y letra / Te envió canciones de 4.40
Te envió las fotos cenando en marbella /Y cuando estuvimos por Venezuela
Y así me recuerdes y tengas presente /Que mi corazón esta colgando en tus manos
Cuidado, cuidado que mi corazón esta colgando en tus manos.

En el borde del kitsch, pero con onda, en el límite de aquello que un intelectual detesta pero quedisfruta secretamente. La Habana, hace más de dos décadas. Vivo cuatro meses en Cuba y por primera vez escucho cotidianamente esos ritmos que incluyen la letra romántica un tanto cur-si junto a una instrumentación basada en vientos y percusión que provoca el tarareo permanen-te y las ganas de que la música no se acabe. Tiempo después ese ritmo se haría popular con  Juan Luis Guerra. Aquél verano cubano estuvo signado por esas melodías que parecían la música de fondo del Caribe. Ese verano, que en realidad era un invierno cubano, estuvo marcado  por la música y el romance de estación que me hizo perder la cabeza. Veinticinco años él y veinticuatro ella. Se prometieron un amor que excedía las fronteras. Se extrañaron a la distancia y poco a poco se distanciaron a la distancia. Nunca más se vieron, nunca más supieron de ellos. Casi veinte años después ella muere en Barcelona y él se entera por internet. Escucho a Carlos Baute y Martha Sánchez y me traslado en el tiempo y rápidamente empiezo a repasar todas aquellas canciones que podrían establecer un link con este género popular-caribeño. Pero no puedo, conozco algunas canciones pero no se los nombres y mucho menos sus autores. Entonces una amiga me manda una lista por mensaje de texto y me propone escribir un guión basado en estas letras y ¿por qué no hacer una comedia musical? ¿bizarra, kitsch, popular? Es una buena idea. Marco Antonio Solís es la clave: "Si no te hubieras ido", canción que me hizo llegar (no sé por qué) a la versión de Be my babe (en español) de Boom Boom Kid que se transformó en la música de una película inconclusa que de repente vuelve a aparecer como si la magia, los planetas o vaya uno a saber qué cosa extraña vuelve a hacer que la historia se repita. De acuerdo con lo que dice Marx: Primero como tragedia y luego como farsa? o al revés? En el 2001 diciembre fue trágico, en 2010 (mismos números cambiados de posición) diciembre retruca la frase que "todo tiempo pasado fue mejor". Pero diciembre me pega nuevamente en esas zonas que solo uno siente. Amanece, son casi las seis de la mañana. La gente vuelve o va hacia otros lados, otros bares, otros refugios. La ciudad se duerme y se despierta. La brisa fresca de la madrugada evita que me duerma en el taxi. Me bajo antes, quiero caminar. Caminar un poco más.  Estoy solo. Tal vez sea el principio de algo.