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26 marzo, 2010

el principio de algo (parte XXX)

Pasaron cuatro meses, pero en realidad pasaron apenas unos minutos, la posibilidad de al alteración espacio-temporal lo excitaba pero a la vez le alteraba profundamente su organismo. ¿Los cuatro meses pesan en mi cuerpo? o ¿ese peso desaparece desde el momento que soy capaz de detener ek tiempo? los 120 días que no viví ¿los vivió el resto de la humanidad? ¿detuve el andar del mundo? si fuera así el cansancio no sería tanto. Siguió con sus devaneos pero sin encontrar ninguna respuesta, en definitiva los sueños escapan al concepto espacio-temporal que tenemos cuando estamos despiertos y lo que le pasaba a él era una especie de mal o buen sueño. Un trip se dijo. Siempre le gusto esa palabra: trip y lo que eso significaba en inglés o la multiplicidad de significados que adquiría en inglés, significados que la palabra viaje en español no era capaz de abarcar, salvo que se lo aclare a continuación. Ahora una especie de luz dorada iluminaba la cuadra, como si un farol gigantesco de de muy baja temperatura color (alrededor de 2.900 grados kelvin) regulado con un filtro para luz día, invadiera todo. Como la luz del atardecer pero con el cielo negro, como un sol nocturno y estrellado. ¿Un eclipse? no, no es un eclipse. Camina unos metros hasta el primer bar que encuentra. En todas las calles y en todas las esquinas hay un bar. Entra. Se siente y espera que la lluvia comience. Cada vez que se sentó en un bar esa noche llovió. Pero no llueve. Pide una cerveza negra. Un hombre se sienta enfrente de él, es el chofer del padre de la vietnamita que lo invita a que suba en la limousine que lo espera estacionada en la calle. No tiene muchas alternativas.