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9 marzo, 2014

Aca a la vuelta / El principio de algo XXIV

2014-01-06 23.27.03

Solo para que lo miren y sola en la puerta que nunca esta

Una batería. Un sótano punk. Ruido y distorsión.

“Who loves the sun” canción extrañamente pop de la Velvet, como si quisieran acercarse a los Beach Boys o a Ray Davies.

Repiqueteo y la cara de ella apenas en el espejo. En el bar las guitarras no dejan escuchar el ruido desencajado del disparo. El arma se dibuja debajo del saco

Y son solo cinco pasos y dos movimientos la bala o las balas zumban

Y me quedo sordo con vos y los pasos que van y vienen, sin destino o con destino

Que importa, si total amanece, mientras los créditos de la película suben por la pantalla. Entrar y salir de la ficción, una sana costumbre desde el primer encuentro con las series en blanco y negro y las historietas (hoy le dicen comics) que se apilaban al lado de la cama.

El barrio cambió y las terrazas sirven para mirar hacia el espacio-tiempo real o inventado, real o paralelo y la física cuántica explicada en otra película, mientras intento creer que las realidades alternativas extenderán la vida y la imagen se congela con el fondo de esa pared color terracota, y  los pies no alcanzan para correr.

Color, otro color y el verde vestido de sangre. Y me cruzo con  los Ramones que vienen de tocar aquí a la vuelta y no me había dado cuenta que ellos crecieron conmigo pero los encontré cuando menos los pensaba encontrar.

Alguien lee una poesía que me llegará por correo, la distancia entre esa poesía y yo son apenas 30 años y el tiempo se hace cada vez más finito y la adolescencia reaparece con el pelo que ya no abunda.

Y los habanos y nos hablamos mientras el viento frio del malecón es más joven, como esa pareja que se imagina un futuro a la distancia mientras cada uno se relata a sí mismo, pero el futuro deja de existir cuando la muerte espera a la vuelta de la esquina y la juventud se desvanece mientras los ojos van cambiando de pantallas. El relato abre otros caminos como la física cuántica o las cartas y el tarot y unos años durmiendo con la espalda en el lugar equivocado.

Sigo de cerca la acción y el arma se queda sin balas y la pistola que asomaba dentro del saco ahora cae al piso junto al hombre que trata de tomarse de una silla y después de una mesa a las que lleva al piso con toda su humanidad. El ruido de la caída de un cuerpo que no puede tener un solo punto de apoyo nos estremece y miramos el cartel que dice EXIT.

El límite del borde es lo atractivo. Busco la moto pero nunca me subí a una moto ni sé como manejarla. Es hora de cambiar de canción: “We Exist” de Arcade Fire. Empieza con una base disco-setenta-bailable y después aparecen las voces y el resto del sonido mas  al estilo Depeche Mode pero también algo de la oscuridad de The Cure. Una especie de disco-dance-dark. Ideal para musicalizar nuestro escape de aquél tiroteo en la moto que no se manejar. Ella abrazada a mi y nos alejamos de los disparos por el túnel del tiempo y We Exist se mezcla con Rebels We Are de Chic, hoy más actual que nunca gracias a Nile Rogers.