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19 marzo, 2014

DIARIO DE BRISAS I Buscando y encontrando a Gena

María Celia Ferrero

Es bueno poner un día para comenzar algo, pero un día que no tenga que ver con el comienzo «oficial» sino con una decisión personal de decir a partir de hoy empieza todo este mecanismo que me encontrará dentro de unos cuantos meses con una película terminada. Brisas Heladas tiene fecha para mayo o junio. Decir tiene fecha es como anunciar el nacimiento que el partero u obstetra (queda mejor ¿no?) nos anuncia para que sepamos que entre tal y cual día nacerá ese pequeño/a al que tanto esperamos. La diferencia del cine es que se dan varios alumbramientos a lo largo de todo el proceso de producción. No hay un solo nacimiento sino que en cada etapa nos encontramos con uno nuevo, pero que en definitiva es el mismo: la película y su complejidad. Una película pensada como un ser social que no solo genera algo parecido al espectáculo, al entretenimiento o hasta a la posibilidad de reflexionar, sino como un ser que nos modifica a los que participamos de una manera que posiblemente no lo terminemos de entender hasta que nos sentemos en una butaca a ver el resultado de todo eso. Una película para mi no es más que la suma de todas las películas que estoy haciendo desde hace años, la nueva es la que sigue a la anterior y la anterior es la responsable de que hoy exista esta nueva. Ponerme a escribir sobre esto, sobre el proceso y los pasos que me llevan hasta allí también es una manera de entender el mecanismo y comprender lo que voy pensando sin pensar, lo que transcurre por mi mente de manera espontánea o a veces premeditada pero que aparentemente no tiene una lógica

Una película es una suma de sentimientos que no pueden dejar de ser sentimientos que me atraviesan de las maneras más extrañas que se parezca. Hacer una película nueva me hace pensar en que acerté y en que me equivoqué en la anterior o en las anteriores, aunque una no tenga nada que ver con la otra. Llegamos a una película luego de pelear contra las contradicciones propias, esas que nos desafían desde el inconsciente con las alertas y los miedos que enfrentamos cada vez que nos enfrentamos a nosotros mismos en la exposición desnuda de la obra al momento de que esta invade a ese espectador que espera ver allí algo por lo que vale la pena pagar una entrada.

Una película, concretamente Brisas tiene una historia larga, aunque quizás no tanto. Producto de una obra de teatro y de las ganas de llevar al cine algo nuevo y diferente a lo que ya había hecho pero sin perder de vista mi propia esencia.

Brisas Heladas tiene muchas historias por detrás y todas relacionadas con la gente que más cerca tengo, con la gente que más quiero y con la que me subiría en un barco hasta el fin del mundo con los ojos cerrados. Brisas puede ser la maduración de un estilo o el principio de una nueva trilogía o simplemente el eslabón que enlaza partes que parecen estar separadas pero que en el fondo son parte de lo mismo.

En Brisas Heladas hay sobrevivientes de mis otras películas, como siempre sucede, pero quizás en esta los cambios pueden ser mayores. Brisas será la primera película de ficción en términos industriales que haré después de Dias de Mayo (2009), en el medio estuvieron la serie de TV La nieta de Gardel (2011), el ensayo Lejos de Paris (2013), y las muy independientes y under El Sonido y la Noche y Perra Negra (en post producción ambas). Pero Brisas es en definitiva la continuación de un sistema de trabajo que nos coloca en la consideración de la llamada «industria».Será de las películas que se estrenen en los cines que venden pororó y eso aunque parezca una tontería es en si mismo toda una definición.

Brisas Heladas es la primera película en la que nos asociamos con quien naturalmente siempre fue mi socia, productora y amiga Fernanda Taleb y en donde nos jugamos todas la fichas como productores en un proyecto en el que confiamos y que esperamos sea una nueva puerta en este universo tan particular del cine arriesgándonos en una parada que no será fácil pero si muy estimulante. Fernanda y Roxana (Bordione) quizás son las mayores sobrevivientes de todos estos proyectos y las personas que desde distintos lugares han sabido sostener una maquinaria conformada por películas, programas de televisión, cátedras de la facultad, proyectos disparatados y por sobre todas las cosas aguantarme en la vida misma y la cotidianeidad inevitable con la que convivimos mientras hacemos o mientras preparamos lo que hacemos. Es decir: la amistad como factor determinante de la supervivencia.

Brisas también tiene el veterano de batallas compartidas y el más viejo compañero de andanzas y de varias cosas más, con el que empezamos todo, aunque cuando digo todo no hablo solo de cine. Héctor Molina el compañero intermitente, el hermano del cine con el que me pondré de acuerdo tantas veces como las que no acordaremos. El amigo que viene y va, pero que en este proyecto estará y creo que será la experiencia definitiva para lograr algo que nos enorgullezca de compartir.

En Brisas también estarán los recuerdos del pasado, las historias que quedaron en el camino antes de llegar a esta. Estarán los que no están pero podrían haber estado y quizás vuelvan en algún otro momento. En Brisas también estará mi familia, la de sangre y la otra que son gran parte de este equipo. Tendré a mis hijos allí en distintos roles, desde el más grande, a la casi mujer y el más chico que se convertirá en pequeño actor. Como también me acompañará la madurez y la sabiduría producto de los años vividos y que hoy me permite que la mujer que fue y ya no es también forme parte de este proyecto como lo fue en los otros.

Brisas me trae lo que queda de esa otra película ambiciosa que hice hace seis años: Días de Mayo, aquí el sobreviviente es un actor y hoy también uno de los amigos-familia que no pueden faltar: Juan Nemirovsky. Juan el gran actor que descubrí con Dias de Mayo, el tipo al que le dije cuando lo conocí que me hacía acordar a Sal Mineo en ese papel que en Rebelde sin Causa por momentos eclipsaba a James Dean. Hoy pasaron varios años y si me retrotraigo a aquellos films de fines de los 50 cambiaría al Juan-Sal Mineo  por el Juan-Brando de Nido de Ratas o de Un tranvía llamado deseo.

Brisas tendrá sorpresas como la incorporación al equipo de la gran Nora Lezano que vendrá a poner su ojo maravilloso para descubrir algo de Brisas que todavía no hemos visto y habrá otras sorpresas que quizás todavía no se pueden decir y también a viejos amigos como Darío Grandinetti, al multifacético Iván Tarabelli, al talentoso Ramiro Sorrequieta o a la más nueva amiga todoterreno como Maru Solana que ya pasó a formar parte de la gran familia y al siempre inevitable Lucio Garcia, amigo silencioso y compañero de la soledad de la edición. Y siempre habrá lugar para amigos que trascienden el tiempo como Carloncho o para la  alegría permanente de Romina Tamburello (mi nueva amiga eterna).

Pero Brisas no sería Brisas sin aquél puntapié inicial e inconsciente que dí cuando descubrí una actriz que no sabía que existía. Claro, cualquiera dice no sabía que existía porque no la conocía, pero lo que quiero decir con que no sabía que existía era literalmente eso: no sabía que por aquí podía existir una actriz así. Hay encuentros que tienen la contundencia de una piña de Mike Tyson y fue así. A cualquier director lo seduce una gran actuación, una gran actriz, un gran actor. Vamos al cine o al teatro para disfrutar de ese encanto que nos provoca un actor interpretando maravillosamente un personaje y son pocas las veces en que esa situación se da en la particularidad de un encuentro. Siempre admiré a esos directores que hallaron en ciertas actrices la posibilidad de que ellas sean las medium entre su obra y nosotros. Ahí tenemos a Igmar Bergman con Liv Ullman, a Fellini con Julietta Massina, a Godard con Ana Karina, a Casavettes con Gena Rowlands, Woody Allen con Diane Keaton o Tarantino con Uma Thurman. Porque no se trata solo de encontrar una gran actriz sino también de encontrar esa gran actriz con la que establecer ese pacto de complicidad que potencia a los dos hacia lugares en los que de manera separada quizás no podrían llegar. En una escala más modesta yo también quise buscar a mi Gena Rowlands y quizás por eso la protagonista de Brisas Heladas se llama Mabel, como el personaje de Una Mujer Bajo Influencia. Cuando conocí a María Celia Ferrero supe que quería que ella fuera la protagonista de mis próximas peliculas y empezamos a trabajar juntos e hicimos varias cosas (teatro, films ultra independientes, una serie de televisión, etc.), pero el gran desafío es Brisas, la película que colocará a ella (al igual que a Juan) en un lugar en donde competirá palmo a palmo con las mejores de su generación. El empuje de Celia y la provocación con la que siempre me desafió fueron en gran medida el motivo de que Brisas Heladas hoy exista, porque si tenía a Gena ¿por qué no escribir una película para que ella se pueda lucir y yo poder disfrutarla?

El cine es una suma de sentimientos, una tormenta que nos arrastra sin darnos cuenta pero que la disfrutamos aunque estemos perdidos en ese remolino que nos lleva hacia lugares inciertos pero maravillosos. Hacer cine por suerte no se parece a nada que yo conozca, solo se parece a la vida pero con la posibilidad de mejorarla, de alterarla de hacerla más divertida, de jugar a que somos los que queremos ser a jugar a contar lo que queremos que alguien nos cuente pero nunca nos contó. El cine es un juego compartido con miles, con millones que aceptan nuestras mentiras sabiendo que lo son.

Todos jugamos el juego. Yo juego a ser director y soy feliz, vos jugas tu rol de actriz y sos feliz, ellos nos miran jugar y la pasan bien. Yo por un momento me creo John o Woody y tal vez lo sea y te miro y se que sos Gena o Diane o quien quieras mientras la cámara en mano gira sobre tu cara en un movimiento imperfecto pero preciso. Y el plano final no puede ser mejor, una mirada que atraviesa el lente y unos ojos que se humedecen con un sentimiento que logra erizarnos la piel antes de que los títulos finales pongan la pantalla en negro mientras suena Someone to Watch Over Me.