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28 marzo, 2014

Una noche con las Mujeres de Ojos Negros

Con las Mujeres de Ojos Negros

Era una noche en donde el tiempo y las distancias no correspondían. Hacía un día que estaba en Buenos Aires y tenía calculado llegar antes de las 22 al Elefante Club de Teatro para volver a ver Mujeres de Ojos Negros. Tres rosarinas talentosas en Buenos Aires con una obra que ya es un hit: había que estar allí.
Mi reunión en las inmediaciones de Palermo hablando sobre la posible participación en mi película Brisas Heladas de una reconocida figura del cine y la TV me demoró más de la cuenta. Pero si me apuraba, los cálculos del tiempo me permitirían llegar sobre la hora. De todas maneras nunca una obra empieza puntual pensé. En el momento en que fui a esperar el taxi cayó sobre Buenos Aires un diluvio que apenas me permitía divisar bajo el agua la aparición de un auto. Pero a duras penas logré, entre el río en que se transformaron las calles porteñas, subirme a un vehículo de alquiler con rumbo a Guardia Vieja al 4200. Bajé del taxi intentando vanamente evitar la lluvia y caminé en dirección a lo que yo creía que era la sala que buscaba. Hace años conocí un teatro que quedaba en la calle Guardia Vieja, se llamaba Babilonia y era parte de la movida under porteña, por algún motivo pensé que El Elefante Club de Teatro era la misma sala pero que le habían cambiado el nombre, eso era algo que se me había ocurrido a mi, solo porque los dos teatros quedaban en la calle Guardia Vieja, claro que esa calle tiene un recorrido bastante largo y bien podría haber no solo dos teatros sino más tal vez, o hasta quizás Babilonia no exista más y el único que permanece es El Elefante. Bueno yo caminaba por Guardia Vieja un tanto perdido y buscando el teatro que conocía pero que efectivamente no era. Entre al agua, mi confusión, la noche cada vez más oscura y una llamada telefónica a Rosario para que alguien me confirmara si la dirección era la correcta tardé más de la cuenta en encontrar el teatro por el que había pasado minutos antes, pero al ver allí una cantidad importante de orientales y personas de la más variada étnica no reparé en que esa reunión multicultural era en la puerta en donde mis amigas estaban por hacer su obra. Por suerte la conexión 3 G de mi celular funcionó milagrosamente y pude chequear la dirección correcta que me confirmó que estaba a solo unos metros. Miré hacia adentro, era una puerta de vidrio que permanecía cerrada, le hice señas a una chica que estaba del otro lado para que me abriera ansioso por haber llegado por fin a ver Mujeres… pero luego de que traspasé la puerta y en el momento en que me dirigía hacia el interior de la sala, me dicen que no puedo ingresar ya que la capacidad estaba colmada. Les pedí por favor que al menos me dejaran escuchar la función desde afuera, una manera un tanto indirecta de acompañar a la chicas y de apreciar desde otra perspectiva lo que allí sucedía. Y así lo hice y una de las cosas más interesantes fue escuchar al público compartir Mujeres de Ojos Negros, reírse, aplaudir y gozar de la obra escrita por mi gran y talentosa amiga Romina Tamburello e interpretada por ella misma y otra gran actriz de esta parte del mundo que es Camila Olivé y dirigida por la querida Poli Chavez, esta vez en el rol de directora, pero no olvidemos que también es una actriz maravillosa.

La obra terminó y el aplauso se extendió por unos largos minutos.

Cuando la gente sale de una función me gusta mirar –disimuladamente- el rostro de los espectadores y los primeros gestos que aparecen. Es allí, en ese paso entre la butaca y la calle en donde vemos lo que les pasa a cada uno, podemos adivinar si se disfrutó, si emocionó o hasta si desilusionó.

El público que abandonaba la sala parecía feliz de haber atravesado la lluvia para conseguir un lugar y descubrir a la Mujeres.

Yo mientras tanto esperé como un fan más la salida de las actrices para saludar y poder sacarme la foto de rigor. Aunque la foto la sacamos un largo rato después cuando aguardábamos la llegada de las supremas con papas y puré en un bar de la calle Corrientes, mientras la lluvia seguía acompañándonos y nosotros brindábamos por disfrutar de un encuentro de esos que solo te permite la magia de una obra de teatro.