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17 mayo, 2014

DIARIO DE BRISAS IV – De William Friedkin a Curtis Mayfield en una larga noche donde el reloj comenzó a sumar al revés

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Tengo una erupción en la frente, que desde hace unas semanas va y viene, como un anuncio o como el emergente claro y explícito de lo que está por venir, por algún lado las tensiones se manifiestan y se explicitan y cuando las reconocemos, solo hace falta controlarlas con la mente. Son casi las 4 de la mañana y aquí estoy desde hace horas buscando y mirando escenas de películas que me acerquen a algunas de las ideas que detrás de esa erupción, es decir en el interior de mi cabeza fluyen, avanzan se me esclarecen para después fugarse quien sabe a donde. Como los sueños que uno recuerda con una claridad supina en el momento de despertar pero inmediatamente después, sin que hayan pasado dos minutos ya no nos acordamos de nada y lo único que queda es el recuerdo de la intensidad de ese sueño o pesadilla.

El lunes arranca la pre producción de Brisas Heladas, todo el equipo sentado alrededor de una larga mesa o quizás no tan larga y con guión en mano que desmenuzaremos a lo largo de cada una de sus páginas que leeremos entre todos. para que luego todos me miren me pregunten qué, cómo, dónde y cuando resolveremos cada escena, cada situación y etc.,etc. O para que cada uno proponga lo que le parezca. Pero yo empecé a hacerme esas preguntas hace un tiempo y hoy me siento frente a la computadora con plena consciencia del tiempo que nos falta. Mi mundo a partir de hoy gira alrededor de Brisas Heladas. No sé por qué, pero esta película me traslada a ciertos films de los 70, films policiales de esa década o inclusive alguno del 80 u 81. Brisas abraza mis años adolescentes, como la etapa previa a la que me convertí en director de cine. Pero no cualquier película de los 70, sino las películas policiales de los 70 filmadas en Estados Unidos y siendo más específico, filmadas en New York. Y necesito explicarme esto casi desde un marco teórico porque necesito también contárselo al equipo con lujo de detalles ya que esto incluye decisiones estéticas que van desde la Dirección de Arte hacia la Fotografía o desde la Producción hacia el sonido y la música original. Hay vínculos que son caprichosos y no tienen otro asidero más que la decisión que las cosas sean de una manera y no de otra. Podría decir que el primer contacto con Brisas Heladas y esta referencia estética que nombre tienen que ver con el hecho de que terminé de escribir el libro (teatro/cine) en un viaje a New York que hice hace dos años atrás. Sentado en un hotel de la 7ma Avenida con vista desde mi ventana al Empire Estate, y frente al Madison Square Garden me sentía William Faulkner, que también había sido huesped de ese hotel, el Pennsylvania. Pero no fue solo el guión, sino que el vestido que usa el personaje de Mabel lo compré en la 5ta Avenida y las fotos que funcionaban de escenografía en la obra de teatro las había tomado yo desde la ventana de mi habitación. Pero la historia de Brisas es bien rosarina ¿por qué el contexto o la relación con NY y a su vez con las películas de los 70? Sostengo hace años que Rosario es una pequeña metrópoli que contiene en ella algo de las grandes metrópolis: fragmentos de Paris, de Barcelona, de Chicago, de NY o de la misma Buenos Aires, pueden respirarse o sentirse en Rosario. Cada una de esas grandes ciudades a su vez tiene un componente que las hace identificables por cualquier persona que haya visto algunas pocas películas: son ciudades con ADN cinematográfico, no se pueden pensar sin vincularlas con el cine. Y si bien Rosario todavía no tiene esa característica por momentos puede robar pantalla o ser protagonista al igual que cualquiera de las otras metrópolis que nombré. A su vez Brisas es un policial y sus personajes tienen la tipología de muchos personajes que hemos visto en el cine y que podríamos identificar al verlos caminar o hablar. Brisas parte de un proceso de reciclaje que va de Cassavetes a Tarantino pasando por mi propio cine pero con influencias de William Friedkin, Walter Hill, Sam Pekinpah, Sidney Lumet y Gordon Parks. Ahora bien ¿qué veremos de todos esos directores en el resultado final de Brisas Heladas? seguramente nada de ellos permanezca en esas imágenes pero hay algo de la esencia de esos films que me inducen a pensar en un tipo específico de puesta en escena. En una primera lectura Brisas es un film noir y eso -desde la convención- me llevaría a cierta estética en la que debería respetar algunas claves del género quizás más cercano a una prolijidad visual y a estereotipos y/o formas de personajes en los que no queden dudas acerca del terreno que se está pisando. Obviamente que algo de eso deberá haber, no se puede abordar el noir sin respetar al menos algunas de sus convenciones. Pero lo que subyace es lo que yo denomino un policial-famliar-con-tragedia-incluída. Y es en esta reconceptualización del término en donde me pongo a pensar como llevar esto al cine ya no solo desde el director-guionista sino también desde el director-productor y del director-espectador. Decidí entonces volver a mi orígenes o mejor dicho al primer momento en que yo me pude definir a mi mismo con un estilo o forma personal Y mirando entonces hacia atrás pero desde el presente puedo decir que habrá algo de la estética de El Asadito y El Cumple en Brisas Heladas, en relación a la forma, tipo de diálogos y situaciones, pero envueltas en la estructura del género y tamizada por casi 20 años de transitar las más variadas experiencias. Volver a lo orígenes pero con más sabiduría, que en verdad no es volver sino continuar pero sin olvidarme quien soy. A veces los caminos que elegimos tomar te llevan a cualquier parte y nos perdemos en una montaña rusa que puede ser fascinante pero que en verdad no está hecha para nosotros y la inteligencia es saber que hay un punto en donde siempre se puede volver para empezar y si es de 0 (cero) ¿por qué no? El aprendizaje permanente, como la revolución permanente.

Y ¿qué tiene ese cine neoyorquino policial de los 70 que me resulta atractivo? trabaja sobre tres cosas que a mi me interesan mucho: 1) la crudeza sin artificios en la manera de filmar y fotografiar las escenas, en donde el pulso de la cámara en mano o hasta la tosquedad de un zoom pueden ser parte de la propuesta estética como así también la ausencia de planos fluidos generados por un movimiento de grúa o un carro de travelling inexistente. Es la época previa a la utilización del steady cam que fue como pasarle Blem a la cámara en mano. 2) la intensidad actoral de los protagonistas es el centro de la atención, cada una de estas películas las recordamos siempre por la manera en que ese personaje protagónico nos marcó al verla. 3) el paisaje urbano y los bordes de la sociedad. Son películas en donde la presencia de la ciudad como protagonista la sentimos todo el tiempo, hay una marca de la ciudad como personaje, pero no solo de la ciudad que uno puede reconocer sino la ciudad que hasta ese momento estaba más oculta, las fronteras, los bordes y con ellos los personajes que los habitan que por lo general también establecen hasta colores propios que hacen a la estética de cada uno de los films.

Ya dejaron de ser las 4 de la mañana, ahora escribo esto a las 4 PM o 16 hs, exactamente 12 horas después de haber comenzado. Anoche hice una lista de películas que fui copiando en el disco de la compu y de los que editaré fragmentos para llevar a la reunión del lunes y ejemplificar con escenas esto que estoy diciendo. La lista -provisoria- es la siguiente: Contacto en Francia y Crusing (William Friedkin), Sérpico y Tarde de Perros, (Sidney Lumet), Driver (Walter Hill), Superfly (Gordon Parks Jr.), Death Wish (Michael Winner), La Fuga (Sam Pekinpah). A esta lista también podría agregarle algunas que escapan del género pero no del estilo como Looking for Mr. Goodbar de Richard Brooks con la inmensa actuación de Diane Keaton cuando tenia 30 años o alguna de Robert Altman e inclusive Harry el Sucio por más que fue filmada en la costa oeste. Otros exponentes o referencias también pueden ser The Killing of a Chinese Bookie de Cassavetes o Calles Salvajes de Scorsese o las primeras de De Palma (Hi Mom por ejemplo) pero estos directores tienen una impronta tan personal que contaminan de tal manera lo que hacen que al poner una película de ellos de referencia cambia la perspectiva genérica y pasa a ser una perspectiva única e individual. Por eso mismo está bien que los fantasmas de John, Martin o Brian revoloteen o den vueltas por mi cabeza pero que se mantengan a prudencial distancia para quedarme con una idea más abarcadora. Con esto no quiero decir que los otros directores no tengan una marca tan personal, porque de hecho la tienen, solo pensemos en el caso de Sam Pekinpah o Firedkin que son de mis directores preferidos. Pero en estos casos pareciera que más allá de sus marcas de estilo no son tan autoconscientes de su presencia en las películas que propongo revisar para Brisas.

Ahora bien ¿cuál es el ejercicio? ¿Mirar la películas? ¿estudiarlas? ¿buscar elementos meramente estéticos? ¿registros actorales? Muchas de estas cosas y ninguna también. Recuerdo que una de las primeras veces en que le planteé al equipo este tipo de mecánica de trabajo fue cuando hicimos El Cumple, ya hace 14 años atrás. En ese momento nos juntábamos un grupo (producción, asistentes, actores, fotografía, arte, etc.) en una casa y yo llevaba una pila de VHS y les iba mostrando fragmentos de lo que quería hacer y en algunos casos hasta veíamos la película entera. Con los años mantuvimos esa practica pero fuimos creciendo y a veces no nos podíamos reunir todos y entonces los VHS circulaban, y luego también los DVDs y ahora los pen drive. Pero siempre intentamos algunos puntos de encuentro para ver cosas, fundamentalmente con los actores que son quizás aquellas personas a las que hay que marcar esos aspectos del lenguaje propios del cine y en los que hay que concentrarse para no errar el eje de la mirada. Con Brisas Heladas la comunicación es más virtual y es probable que luego de leer esto cualquier integrante del equipo o del elenco puedan tener herramientas para buscar o investigar sobre lo que estoy proponiendo.

Es importante aclarar que Brisas Heladas no es una película de «época» o que recrea algo que ya no sucede o que sucedió. Simplemente vuelvo hacia los 70 porque para mi hay algo en ese cine que se mantiene vivo y de lo que me gustaría rescatar algo pero sin un solo pelo de nostalgia, rescatarlo de la misma manera que la moda trae al presente la minifalda cada vez que lo considera necesario o el concepto vintage que se ha popularizado tanto y que remite justamente a eso, a revisitar estéticas que pueden volver a funcionar fusionándose con el presente. En este sentido el vestido de Mabel puede ser un claro ejemplo, cuando lo compré yo buscaba algo moderno pero que me remitiera a los 60 y daba la casualidad que en ese momento gran parte de las vidrieras de las tiendas de New York estaban decoradas alla Mad Men, con un toque sixtie siglo XXI porque la misma serie estaba marcando tendencia.

¿Cuál es el ejercicio a realizar? Ver las películas buscando eso intangible y que es tan difícil de explicar como es el vínculo que se establece con un film. Mirar las películas en un contexto, mirar la estética en ese contexto y ver como se mueven los personajes-actores, como los acompaña la cámara y donde es el espacio que transitan. Y mientras tanto escuchar los sonidos y la música. La música establece los tiempos históricos de manera muy clara en un film. Y este es otro de los puntos importantes y que de la misma manera que podemos rescatar un diseño de vestuario también lo podemos hacer con un acorde que suene hoy pero que nos traslade en el tiempo y el espacio y pueda conectar quizás a Rosario y nuestro actores con esa ciudad de ficción que tenemos en la cabeza. Y si pienso en la música creo que hay señales casi sobrenaturales que me están indicando que voy por el camino correcto, en palabras más sencillas y concretas: creo que los discos me hablan. Hace unas semanas contaba que mientras buscaba unos vinilos en una disquería encontré la banda sonora de la película Bullit, banda sonora que estaba entre un disco de Tom Jobim y uno de Arcade Fire, es decir estaba tan fuera de lugar que me resultó extraño, ya que no era una batea de soundtrack, sino que era la única banda sonora allí existente, y ¿a quién le puede interesar hoy en Rosario comprar ese disco? A mi, solo a mi, porque en la historia de Brisas Heladas hay una larga anécdota acerca de Steve McQueen, de la película Bullit e inclusive Mabel le regala a Bruno un Mustang de juguete similar al que maneja Steve McQueen en la película. Compré el disco y ya formará parte de la utliería del film. Pero esto no queda ahi, sino que ayer en mi recorrida semanal por la misma disquería, encuentro el vinilo de la banda sonora de Superfy, interpretada por Curtis Mayfield, (siempre da gusto escuchar a Mayfield). Superfly también es una película de los 70 ambientada en NY, pero con la característica que es de los films que se inscriben dentro de la corriente blaxploitation y que forma parte de un movimiento de films producidos, dirigidos e interpretados por la comunidad afroamericana. Fue el boom del cine negro en los 70 y una de las características eran las bandas sonoras con temas funk y soul de tipos como James Brown, Isaac Hayes y el mismo Mayfield. Pero esa música no quedó como exclusividad de las blaxplotaition movies sino que hay rastros de esa música que se pueden escuchar en otros films de la época y en series de tv clásicas como Baretta o Kojak (que comparten la misma geografía). Para la obra de teatro de Brisas Heladas armé un tema con sampleos en ese estilo para una escena con Mabel al que llamé: New York Funk Mabel, pensando inconscientemente que la película también iría por ese lado. Hay percusiones, riffs de guitarra y el sonido de los primeros sintetizadores que son una marca de época, y que le darán paso a la música disco. De hecho en Saturday Night Fever (otra vez NY y los 70) conviven estas tendencias. Pero volviendo a Superfly, cuando me encontré con ese disco me hice la misma pregunta que con Bullit, ¿a quién le interesa comprarlo? A mi… y ya hay otro nuevo elemento para la escenografía que vestirá el departamento de Bruno.

Pero la aparición de este realismo en las películas de los 70 no fue producto de una casualidad sino también de una necesidad de renovar el lenguaje ya que el sistema Hollywoodense durante los 60 entró en crisis y los directores jóvenes formados al margen de la gran industria fueron los que le salvaron las papas para luego también insertarse en el negocio. Y el realismo duro o esa impronta que nos pone contra la pared a nosotros como espectadores es algo que siempre está volviendo o que nunca se termina de ir y creo que por eso mismo mantiene su vigencia y actualidad.Ni Cassavetes ni Rosellini pasan de moda. Y rastreando películas que se acerquen y comulguen con el estilo me encuentro agregando a la lista a Abel Ferrara y concretamente a Bad Liutenant (Un maldito policía) con Harvey Keitel y le podría sumar El Rey de Nueva York (también de Ferrara) con el genial Christopher Walken, pero quizás pueda decir que hay una estela de Tarantino y sus Reservoir Dogs y por qué no algo de Jackie Brown. Y aquí es interesante el giro que me propongo citando referencias cercanas pero a su vez con marcadas diferencias. Ferrara y Tarantino están conectados con el cine policial de los 70 pero cada uno lo vuelve a revisitar desde miradas propias, uno (Ferrara) siguiendo un estilo más cercano al under, a Cassavetes y otro (Tarantino) apuesta a la sofisticación estilística (salvo en Reservoir Dogs y por eso la pongo como referente) re escribiendo todo ese cine pero con los elementos cult-retro-vintage que se transforman en moda. Y aquí también entramos desde Brisas con nuestra propuesta que por un lado tendrá la impronta dura, hard y sucia en el registro, pero por otro apelará a esa cuestión o idea de la re versión de muchos elementos, desde lo estrictamente visual, como la decoración del departamento de Bruno, donde deberá convivir la actualidad con algo que nos corra hacia otra idea y que sin viajar en el tiempo nos produzca el extrañamiento que toda ficción necesita para diferenciarse al menos un poco de la realidad. Desde esta perspectiva de modificación también me planteo lo musical trayendo el funk-soul a una versión rosarina o terminar la película con la misma música con la que culmina la obra que sin darme cuenta terminó siendo un homenaje a Lynk Wray (presente también en Pulp Fiction) al que me gustaría sumarle la voz en francés de Elli Medeiros para que el combo sea completo.

Ya es hora de poner una pausa en la escritura y sentarme a ver alguna de todas esas películas o seguir a la búsqueda de otras. Me miro al espejo y la erupción sigue ahí, será cuestión de esperar o de buscar alguna salida estética para mi frente.

No sé como se van hilando los temas, las películas o la música, pero me doy cuenta que el impulso de preparar una película me lleva a replantearme una cantidad de cosas y de movilizarme hacia la búsqueda de elementos que ni siquiera sé si utilizaré, pero que me completan, me llenan, me hacen sentir más seguro de los pasos que doy y por sobre todas las cosas me insuflan la vida y la alegría que significa poder vivir de hacer lo que amo y de alguna manera ser un privilegiado al que el cine le ha dado un lugar para ir, para jugar y para poder hablar con los otros, para intentar entretener o o hacer pensar, para discutir, para ponernos de acuerdo o para terminar de enojarnos: en definitiva para extender la vida a través del cine o para que el cine extienda nuestras vidas.