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14 junio, 2014

DIARIO DE BRISAS VI – cynar, tarta de atún y cafe descafeinado

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Más me buscás, más me voy, más te busco y más te vas. Una soga que está lejana pero de repente se acerca a la velocidad de la luz para que la tome y me aferre. Un sueño que no termina de soñarse y el despertador que solo se escucha en el momento equivocado. No necesito tanto. Las películas son incomprensibles como las palabras que surgen ahora casi a las 3 de la mañana ¿pero qué puedo hacer? la música suena bajito porque el niño duerme a pocos metros un piso más abajo y yo debo estar despierto dentro de casi cuatro, dentro de menos de cuatro horas, pero todavía estoy despierto y antes de despertar debo dormir. Y la película se acerca como esa soga a la que hay que aferrarse para no caer, para volar sobre esa franja de agua que como una corriente que no para de fluir me puede llevar hacia el lugar menos esperado o el menos buscado o hasta el más indicado. Por eso no sé si soltar la soga y dejarme caer para probar el misterio de no saber, para enfrentarme a las dudas necesarias en las que debemos confiar en el momento de que todo comience a rodar.

Confiar en las dudas, dudar de las certezas. Cuando la suerte te explica donde pisar y cuando el azar juega de tu lado no hay razón para que no creer en el destino o en esa fuerza superior a la que nos enfrentamos desde el intelecto pero nunca desde la emoción. Y el cine es emoción, por lo tanto el cine es religioso y hasta a veces una misma religión. Las sumas dan lo que tienen que dar pero la matemática también falla y los cálculos y las especulaciones a veces se alejan de nuestros pronósticos.

De la Velvet, Sonic Youth hacia los los locales. Escuchar a Coki y como contrapunto una banda que no conozco, parte del mismo árbol pero con los caminos bifurcados.

El libro, las fotos y la música. La película hoy es un cigarrillo de marihuana sin fumar y mañana empezará a transitar por las neuronas haciendo el efecto deseado mientras el papel se consume o el tabaco desaparece de la pequeña pipa. 10538 Overture, ELO, la voz inconfundible de Jeff Lyne. El museo ya es la casa de Bruno. El MACRO está tomado por nosotros. Okupas cinematográficos metamorfoseando lo establecido, como un torbellino que disfruta de la alteración del espacio/tiempo.

Cada tiempo tiene sus noches, sus historias, sus amores y su perdición. Como vos y yo le dijo ella a él en un diálogo que podría haber estado pero que no está. El Buquebus llegará pronto de Montevideo y el avión de Buenos Aires y Elli pisará Rosario y posiblemente la extranjera traiga su propia magia.

El lunes es el día, solo quedan horas.

¿Cómo enfrentar Brisas Heladas desde las certezas? porque luego de un año de funciones en el teatro con textos y situaciones que tendrán muchos puntos en comun con la película hay que pensar en nuevas motivaciones para cada uno, inclusive para mi. Las noches y los días me acercan a la película y me acercan a otros tiempos lejanos y cercanos. Por eso las noches son el refugio que busco antes de empezar con Brisas, que también es nocturna, tan nocturna como la noche que empieza o la que terminó hace unos días a  las 7 de la mañana entre copas, teatro y comida francesa.

El azar, el destino o las coincidencias espacio temporales definen las compañías, esas que uno o una prefiere para sentarse a ver un espectáculo o tomar unos tragos, pero hay que salir airoso de esa situación cuando las palabras previas no han superado a un encuentro anterior poblado de amigos, ya que son justamente las palabras las que se imponen después del aplauso, luego de que las luces del teatro se apaguen y se enciendan los temas de conversación o las luces de un set.

La conversación: esa es mi especialidad en el cine y por que no en el teatro cuando me pongo a escribir. Me gustan las conversaciones de los personajes, me gustan los personajes que hablan, los que dicen cosas que por momentos son las que decimos nosotros en una charla tonta pero que se mezclan con esas otras palabras que nos suenan importantes pero que tal vez tengan la misma relevancia que las pavadas.  Palabras y conversación: también la base de Brisas Heladas, Mabel y Bruno no paran de hablar. Los actores de Brisas… entran en un registro de comedia pero saliendo hacia un espacio más negro y duro que sabemos que no puede tener un happy end. Mabel y Bruno aceleran su charla y las referencias al cine y a la música no paran ni dejan de escucharse. Disfruto de las charlas de Mabel y Bruno, disfruto de los actores, de Celia y de Juan.

Disfruto de las charlas, como disfruté de la cena con aire francés. Aperitivo, teatro, comida francesa y buena compañía mientras preparo una película. Una película que también tendrá un restaurante, como ese, quizás el mismo, desde donde Antonio, el mafioso de Brisas, maneja los hilos de la trama. Restaurante y mafia, gastronomía y violencia. La comida y el amor acompañado del odio más feroz. Links inevitables. Inevitables como el paseo por las fantasías que ella propuso como un truco de magia que lo dejó con la boca abierta.

Por una vez la calle fue más amable y el brazo atravesando el brazo cruzando la gran avenida porteña nos pareció que podía ser la escena de una película indie. Las 3 de la mañana y una costumbre que ser repite pero que cambia sutilmente sobre el final del relato. Mi imagen no tiene espejos, mi reflejo no está en ningún lado y por eso los ojos me miran en la película. Unico lugar a donde ir. Ir hacia allí, juntos o separados, pero inevitables.

Pasaron tres dias desde que empecé a escribir esto. Pasaron 15 días desde que empecé a escribir esto. Pasaron 3 años desde que mi vida era otra vida y desde que el cine me volvió a salvar la vida, una vez más. El cine-salvavidas una constante. Constante como la tarta de atún que cocino una vez por semana. Dos latas de atún, dos huevos, queso cremoso.

En otra época el comienzo del rodaje tenía otros preámbulos. El tiempo que modifica las cosas, el tiempo que modifica el propio tiempo y los pensamientos que el tiempo se lleva como esa primera poesía que escribí a los 16 para una chica que hoy tiene 50. El tiempo cruel es la única variable que no varía y que nos da idea de nuestra existencia tan finita e inexplicable. El cine es la construcción del tiempo sobre un soporte que se modifica (con el tiempo).

Los nervios deberían ser lo que me produzca un leve estado de ansiedad en estas horas, en este fin de semana. Pero no, ni nervios, ni ansiedad. Una espera calma. No conecta el pasado. El lunes se encuentran Mabel y Bruno. Primeras escenas, primeras charlas. Entrar en calor, ver a los personajes moverse por la pantalla. Moverse delante del cuadro de la cámara.

Elegir el encuadre. Nunca elijo antes el encuadre, siempre espero que el lugar me diga, me indique en ese preciso instante donde y como poner la cámara. No puedo ir con una idea predefinida porque sé que si la llevo me va a condicionar a lo que vendrá. Solo puedo llevar preparada una idea cuando se trata de un plano secuencia porque necesita una preparación previa, pero por lo demás me dejo llevar por el momento, por el mismo clima y la situación que se generará allí.

Seven Nation Army, The Hasrdest Button To Button. Brisas Heladas debería sonar como la guitarra de Jack White. Brisas Heladas debería sonar como Link Wray que a su vez toca un tema que se llama Mustang como el auto que Mabel le lleva su hermano, como el auto de Bullit.

Sé como filmar a Celia, sé como filmar a Juan, sé como filmar a Darío o a Norman, ahora tengo que descubrir como filmar a Elli. Los actores y la cámara establecen una relación única e intransferible. La cámara se enamora o discute con los actores. A veces la cámara acompaña y otras se rebela como si quisiera elegir otro rostro. La cuestión es poder dominar la cámara para descubrir lo que subyace debajo de la superficie y que pocas veces se deja ver.

Si me quedo solo un poco más de tiempo las sombras cubrirán el color de mi corazón, azul por las lágrimas, negro por los terrores nocturnos  (I don’t want to talk about it de Danny Whitten) 

Invasión de los 70. Los vinilos, las películas y las series de tv. Busco en la infancia y en la adolescencia. A Baretta y los sonidos perdidos, con la memoria perdida pero siempre hay quien recuerda hasta el último detalle, como si eso fuera posible. Las calles de Baretta y las de Kojak son las de Brisas Heladas. Y el relato cobra nuevos sentidos y la realidad es cambiada por el narrador y las horas pueden tener otro tiempo y ella ya no querrá pisar las mismas calles. Yo me alejo de las calles reales de la misma manera que me alejo de la realidad porque hay algunas preguntas que ya no me interesa responder, ya que lo queda a partir de mañana es pura ficción.