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13 julio, 2014

Diario de Brisas / llegando al final del rodaje – Un sombrero perdido, Fernet con Coca Zero y un vinilo de Jack White

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Por momentos son mas los sonidos que me remiten a Brisas que las imágenes, pero las imágenes tienen una potencia tremenda. Me sorprenden. Me quedo un largo rato mirándolas. El título de este post lo escribí hace unos días cuando el sueño no me dejó seguir con mis dedos sobre el teclado, quizás ahora debería agregarle alguna frase o palabra extra como ser: y el universo conspira a favor o como escuchar Wish You Were Here por Radiohead mientras descubro los ojos de una mujer alada que entra por la ventana para besarme  o cosas por el estilo que me estarían alejando de la película pero que a su vez también me hablarían de Brisas Heladas. En las fronteras del cine todo está permitido, inclusive hablar de cualquier cosa que no tenga que ver con una película pero que a la larga nos hablará de la película. Día a día miro lo que filmamos y todavía no se cual es la diferencia entre lo que escribí, lo que pensé y lo que la cámara está imprimiendo. Cambie algo en la manera de filmar, pero creo que sigo fiel a mi propio estilo al que no podría describir. Entiendo que que hay algo que me sale naturalmente y que me lleva a resolver las situaciones, a hablar y sacarle cosas a los actores, encontrar la disposición de la cámara. Llego al set y por momentos creo que no se nada y nada de lo que veo me convence y de repente todo se empieza a ordenar y encuentro la forma, el movimiento, el tiempo y los planos se organizan en mi cabeza como una melodía que ya conozco y que se tocar a la perfección porque a su vez me siento el autor.

Llega el final del rodaje, apenas unos días y Brisas Heladas ya pasa a otra etapa, otra instancia. Y cada vez que llega este momento miro para atrás y para adelante. Siempre dije que atravesar por la filmación de una película con la pasión y el entusiasmo que lo hacemos por aquí es como vivir muchas vidas juntas o que el tiempo avanza de manera desproporcionada a la realidad. Cuatro semanas de pre producción y cuatro de rodaje parecen dos años de nuestras vidas vividas intensamente. Con Elli Medeiros hablábamos hace unos días, ella ya desde Paris y yo desde Rosario acerca de la intensidad de lo que fue su paso por el rodaje y en un momento mientras conversábamos de todo lo que había pasado nos dimos cuenta que al final del camino hay una película, pero hoy la película es el bonus track de esta vida -por momentos al límite- que es el rodaje.

Y de repente la familia y de repente la música y de repente los amores, los que fueron, los que partieron raudamente y los que se acercarán. El cine permite todo. Permite mi felicidad y la de unos cuantos amigos. Que bueno lo que estamos haciendo y hasta nos paguen por esto, dijo mi amigo-hermano Héctor Molina hace unas semanas cuando casi recién empezábamos. Hoy digo: que buenos momentos, pero que lástima que haya que editar la película, porque viviría filmando aunque esto nunca se viera en una sala. Creo que me gusta más filmar que terminar un film. El estado de “en rodaje” es algo de una intensidad que es muy difícil de poder transmitir.

Antes mencioné la palabra familia y es a lo que más se parece este equipo aunque parezca un lugar común. Pero quizás el lugar deja de ser común cuando nos pensamos realmente como partes de esa familia que desde hace un par de décadas no para / no paramos de-mirarnos-las-caras-de-memoria-y-entendernos, también de memoria. Pero lo más atractivo de esta familia es que como toda familia, crece, se multiplica, algunos parten, otros llegan y siempre tenemos los brazos abiertos para aquél que decide regresar. Y aquí en este rodaje confluyen esa familia que elegimos aunque no sea de sangre y también aquella que no es más que la continuación de la sangre, un honor que no sé cuantos pueden tener en el mundo del cine.

Los espejos son los que nos devuelven la realidad o los que nos devuelven lo que a veces no queremos ver. Una película es un espejo donde el director puede reflejar sus convicciones y sus miedos, su capacidad, su pericia y por qué no su torpeza. Pero el reflejo en ese espejo todavía no se puede ver, porque hay solo una porción que se vislumbra. La edición, la música, los efectos, la ropa que vista a Brisas nos podrá dar una dimensión real de lo que estamos haciendo aunque hoy tengamos/tenga la certeza que todo esto está buenísimo.

El Jameson quedó por la mitad y la otra botella casi vacía. La madrugada se transformó en medio día y los ojos parecían más pequeños pero no perdieron el encanto, la vivacidad, ni la pasión por escuchar esa música que salía de la máquina mientras el amanecer estampaba el sol por la ventana. Los restos de la hierba quedaron sobre la mesa junto a los vasos y una gran cantidad de cigarrillos apagados al lado de las cartas del tarot que hablaban de ese universo que como una masa protectora conspira a favor de nosotros, como un ser sobrenatural que protege estas Brisas por momentos heladas y por momentos tan cálidas como un abrazo o una mano que acaricia el rostro dibujado en la memoria.

Y mañana o pasado mañana nuevamente a rodar, ya casi sobre el final de una historia que empezó con el final de una historia y quizás termine con el comienzo de otra o simplemente con la continuación de ese epílogo que sin ser trágico también tuvo la dureza que hace que las personas saquen a relucir sus miedos, sus contradicciones y sus miserias, como Bruno y Mabel, los personajes de Brisas porque Brisas quizás sea también parte de ese reflejo del que hablaba antes, pero ya no el reflejo individual, sino el reflejo de todos nosotros que somos valientes como Mabel y cobardes como Bruno, pero también somos arriesgados como Bruno y frágiles como Mabel, y nos ataca más de una vez el sentimiento de venganza de Carmen o la frialdad maquiavélica de Antonio. Brisas como reflejo de lo que somos o de lo que no queremos ser.

Extrañas han sido y son estas Brisas Heladas, intento encontrar las palabras que me gustaría utlizar y que puedan dar cuenta de todo este movimiento que me sacude y me transporta a otro lugar pero sin que mis pies se muevan. Dimensiones espaciales, música de fondo. Fotos que cambian y la realidad dinámica y prometedora. Un vaso de whisky y el amigo Rod Stewart que no deja de acompañarme desde que empezó el rodaje y quizás un poco antes. Los 70 y el tema I don´t want to talk about it quizás no tenga mucho que ver con Brisas, pero se conecta por esa cuestión de búsqueda estética que enuncié antes de comenzar pero a la que no acudí. De nuevo intentar explicar lo que hice con Brisas ¿por qué explicarlo? cada vez que hago una película necesito re pensarla, necesito saber hacia donde voy. Ahora necesitaba escaparme de la obra de teatro y evitar las comparaciones. El lugar común diría que para que no se parezca al teatro debo recurrir a los planos, al primer plano, al detalle, al montaje con el que obligo al espectador mirar hacia donde yo le indico, la partición en planos me permitiría una puesta cinematográfica-no teatral. El teatro en cambio sería como un gran plano secuencia. Sin embargo no hice caso a esas indicaciones o especulaciones y me lancé a filmar no solo en largos planos secuencia sino también en encuadres bien abiertos en donde el ojo ve todo o casi todo lo que hay delante de la cámara, casi como en el teatro. Pero no hago teatro, hago cine pero desafiando lo que podría llamarse una concepción teatral. Y la clave de esto está en la utilización del espacio. Al teatro podríamos llamarlo también como un cine en tres dimensiones reales que se puede ver sin anteojos. Nadie duda de la tridimensionalidad del espacio teatral, pero hay algo que hace que cuando nos sentamos frente a una obra de teatro por momentos tengamos la sensación de bi dimensionalidad. Sensación dada muchas veces por los elementos escenográficos, la luz y el propio espacio donde se desarrolla la obra. En la película de Brisas Heladas trabajé un concepto tridimensional  en dos dimensiones a partir de los lentes utilizados que me permitieron establecer la profundidad y la composición del plano conjugando un estilo cuasi documental con un planteo estético de gran cuidado en el encuadre y la fotografía. Pero todo esto lo veo ahora, ya que en el proceso lo que arremete es la inconsciencia consciente y la premeditación casual.

Procul Harum y con tu blanca palidez (A whiter shade of pale) y me remite a un baile de adolescentes y los niños que éramos abrazados girando por la pista de baile en el momento de los lentos. El tema podía engancharse con Babe, aquél clásico de Styx que hacía llorar a la niñas, pero no sé por qué.

Este post empezó hace una semana, cuando Argentina todavía no era finalista, en un rato jugamos la final, así que es mejor dejar Brisas de lado por un rato y pondré a todo volumen Fortunate Son de John Fogerty para no alejarme del estilo Creedence que campea en estos días por el corazón futbolero y a continuación (y subiendo más el volumen) Beat on the Brat, Blitzkrieg Pop y Judy is a Punk para homenajear al último Ramone original que partió el viernes: Tommy Ramone. Ahora sí, a la espera del partido y de muchas noches con sol. Vamos Argentina!